Síntesis histórica de la epopeya de Masada
Trasladémonos al año 44 E∴V∴,
cuando muerto el rey Agripa, Judea volvió a quedar bajo la tutela de Roma. Por afrentoso a
Dios, no era tolerable el servir a un gobernador romano, ni el pago de tributos al
emperador Vespasiano. Decidiéndose los judíos a ocupar la meseta de Masada
como bastión defensivo y pasando el tiempo, en el año 66 E∴V∴ se produjo un estallido social en el que los judíos perdieron su patria, el templo de
Salomón y la práctica de su religión a manos de los romanos, motivando la dispersión de
muchos de ellos por todas partes del mundo.
El historiador Josefo Flavio que acompañaba a las tropas romanas que entraron el día 16 de
abril del año 73 E∴V∴ a la
fortaleza de Masada, después de la heroica defensa y resistencia, vió la
carnicería que dentro había, encontrando armas, escudos, víveres, todos ellos apilados, así
como 957 cadáveres diseminados entre las ruinas humeantes; pudiendo entrevistar a tres
supervivientes de la hecatombe: dos niños y una mujer escaparon de la matanza y suicidio
realizados, comentándole ellos detalladamente todo lo acontecido durante la vigilia de la
noche anterior al asalto de los romanos.
De parte de los sobrevivientes supo que el comandante Eleazar Ben Jair, con su
caracterizada elocuencia de convencimiento, motivó a los defensores de la fortaleza de Masada para tomar la decisión del suicidio antes que rendirse ante los romanos, dirigiéndoles a
todos esta arenga:
Desde que el hombre primitivo empezó a pensar, las palabras de nuestros antepasados y las
de los dioses, apoyadas por las acciones y los espíritus de nuestros predecesores, nos
han hecho entender constantemente que la calamidad del hombre es la vida, y no la muerte.
La muerte da libertad a nuestras almas y las deja irse a su propia y pura casa, donde no
conocerán calamidades; pero mientras están confinadas dentro de un cuerpo mortal y
comparten sus miserias, en estricta verdad están muertas.
Porque la asociación de lo divino con lo mortal es muy impropia. El alma puede, por
supuesto, hacer mucho cuando está aprisionada en el cuerpo; hace del cuerpo su gran
órgano del sentir, moviéndolo de manera invisible e impulsándolo en sus acciones más allá
del alcance de la naturaleza mortal. Pero cuando se libera del peso que la arrastra hacia
la tierra y se le cuelga alrededor, el alma vuelve a su lugar natural y en verdad
adquiere un poder bendito y una fuerza completamente libre, y permanece tan invisible a
los ojos humanos como el mismo Dios.
Muramos sin ser esclavos de nuestros enemigos, y dejemos este mundo como hombres libres
en compañía de nuestras mujeres e hijos.
Todos ustedes son hombres de verdadero coraje que, contemplando esta vida como una
especie de servicio que debemos prestar a la naturaleza, la soportan a regañadientes.
Apresuren a liberar sus almas de sus cuerpos y que ningún infortunio les apriete o les
ahuyente el deseo de vida inmortal, impulsándoles a informar a sus amigos que van a
partir.